Cuidar de 6.500 plataneras repartidas en ocho fanegadas de terreno es, sin duda, un trabajo arduo que apenas deja margen para el deleite paisajístico, pero la intimidad con la naturaleza, con sus ciclos vitales, ralentiza la vivencia del tiempo. Sin la aceleración, el tráfico, el bombardeo publicitario, la contaminación, el bullicio y el gentío de la ciudad, el tiempo fluye aquí de otra manera. ¿Estamos entonces en el campo? Pues sí y no.