Agustín Hernández no sabe la cara que tiene Zapatero pues no ha tenido nunca televisión. Sabe que en la capital hay un lugar que se llama El Corte Inglés, "con muchas cosas dentro", y jamás ha visto el edificio del Hospital Doctor Negrín. Todo eso, viviendo a diez minutos de Las Palmas de Gran Canaria, pero en otro mundo. ¡Se imagina alguien que hoy, en el siglo XXI, en la era de las comunicaciones, donde lo complicado es sortear la saturación de información que nos llega por las vías más insospechadas, una persona viva en el fondo de una caldera, aislada, sin más compañía que tres perros, un burro, un gato y una radio de pilas? Así vive Agustín Hernández. Sin televisión, sin saber como es la cara de Zapatero, "pero, eso sí, conozco su voz", sin saber nada de un mundo externo que ni conoce ni quiere conocer.
Sabe que en la capital de su isla, Las Palmas de Gran Canaria, hay un lugar que se llama El Corte Inglés -"me han dicho que tienen muchas cosas dentro, no sé…"- y que hay un Hospital, el Doctor Negrín -"me han dicho que es bonito"-. Pedazo de personaje este hombre que detesta a los curiosos casi en la misma medida que a los periodistas: "Una vez bajó uno por aquí y ni saludó. Nada, me dije, déjalo Agustín que ya se acercará … Más tarde me dijo si podía hacerme una foto para el periódico. Le dije: usted es un malcriado, a la gente hay que saludarla. Y no me dejé hacer nada. Ni le hablé. Me metí en mi casa y cerré la puerta". Ése es Agustín. "Pero bueno, ustedes han tenido suerte; me han cogido de buena tiempla, que si no…"
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